Aprovechar el contexto de crisis habitacional para promover un cambio en las políticas de vivienda

24/10/2016 - 22:00

Jornadas. Durante el primer día de las Jornadas de Vivienda, los conferenciantes instan a las instituciones a aprovechar la coyuntura social para promover un cambio en la vivienda.

Expertos en vivienda, investigadores y representantes de asociaciones han inaugurado hoy las Jornadas de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona y han resaltado la importancia de aprovechar el contexto de crisis para impulsar nuevas políticas de vivienda asequible, que cumplan una función social y al mismo tiempo generen una riqueza compartida a nivel comunitario dentro de las ciudades.

En ese sentido, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha insistido en la necesidad de poder regular el mercado del alquiler por parte de la administración local y, así, acabar con el aumento descontrolado de los precios y garantizar el derecho a la vivienda para las personas con menos recursos.

“El alquiler no puede existir para que los propietarios se lucren, sino que debe ser una forma de acceso a la vivienda estable y asequible, como establecen todos los estándares de derechos de Naciones Unidas”, ha recordado Colau, quien ha añadido: “Con la vivienda, nos jugamos el futuro de la ciudad”.

Por su parte, el concejal de Vivienda, Josep Maria Montaner, ha hecho un llamamiento para dejar de lado los modelos de vivienda tradicionales, fomentando un tipo de alquiler más social y abrazando nuevas formas de vivienda, como la covivienda o las cooperativas de inquilinos que defienden sus derechos.

 

Vivienda: entre la especulación y la vida digna

Los efectos de la burbuja inmobiliaria y la crisis hipotecaria siguen siendo una realidad, según los datos recogidos en Exclusión Residencial en el Mundo Local (2013-2016), un informe elaborado por el Observatori DESC y la PAH donde se ha analizado y realizado el seguimiento de 957 casos de familias o unidades de convivencia afectadas por la crisis.

El estudio hace una comparativa entre los distritos de Barcelona más afectados por la crisis habitacional (el 55% de personas que no pueden pagar su vivienda se concentran en dos distritos: Nou Barris y Sant Martí) y analiza también el origen de esta situación, además de proponer una serie de medidas para evitar que aumenten los casos: ampliar el parque de alquiler público, dar apoyo a los pequeños tenedores, intervenir y rehabilitar las viviendas en mal estado.

Raquel Rodríguez, arquitecta y profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, ha destacado que el modelo de vivienda actual tiene su origen a la década de 1950 y, en consecuencia, arrastra parte de los problemas de entonces: por ejemplo, el hecho de que las leyes de vivienda siempre asocian este derecho con la necesidad de obtener algún tipo de beneficio o impulso en la economía.

“Han hecho una cosa siniestra, que es convertir a cada propietario en un pequeño especulador”, ha asegurado Rodríguez, que ha explicado que en España hoy por hoy es más caro alquilar un piso que comprarlo. Por este motivo, un 80% de los jóvenes españoles menores de 30 años no pueden irse de casa de sus padres.

 

Nuevas tecnologías para promover políticas colaborativas

Asimismo, Desiree Fields, geógrafa urbana de la University of Sheffield, ha reflexionado sobre el papel de las entidades bancarias y los poderes financieros en el contexto actual: por una parte, fomentando la promoción de la compraventa por encima del alquiler, pero también como propietarios de una gran parte de las viviendas en centros urbanos.

Tal como ha señalado Fields, en Madrid y Barcelona hay problemas para desencallar la situación de pisos e inmuebles vacíos que son propiedad de bancos e inversores, porque la legislación es incapaz de gestionarlo. En este sentido, ha reivindicado el papel de las nuevas tecnologías y plataformas digitales para intervenir en las políticas actuales y reinventar el contexto urbanístico: hacer difusión de iniciativas colaborativas, facilitar la organización de los inquilinos, compartir e intercambiar experiencias, etc.

 

Sistemas cooperativos de vivienda: una fuente de inspiración

La secretaria general de Housing Europe, Sorcha Edwards, ha reivindicado el concepto de negocio social para aplicarlo a la vivienda cooperativa: se trata de promotores que invierten para construir viviendas y apuestan por que los beneficios se mantengan después en la comunidad. Housing Europe representa a más de 26 millones de hogares en Europa, un 11% de la vivienda total del continente.

Según Edwards, el contexto de emergencia habitacional que se vive de manera generalizada en toda Europa debe servir para promover el cambio a nivel político, fomentar el intercambio de ideas entre administraciones y entidades y aplicar nuevos enfoques. “Éste puede ser un momento histórico para cambiar el paradigma de la política de vivienda”, ha declarado.

Por su parte, Ismael Irigoy, investigador de la Universidad de las Islas Baleares, ha tratado el fenómeno del turismo como elemento que dificulta el acceso a la vivienda. Según Irigoy, las viviendas de uso turístico siempre han existido, pero ahora se combinan con el poder de difusión de las plataformas digitales, que explotan este modelo hasta el punto de hacer insostenible el nivel de vida para los habitantes.

“Gracias al turismo, la vivienda se ha entendido como un bien de cambio y no como un bien de uso”, concluía Irigoy.

 

Nuevas formas de regulación procedentes de Europa

En el último seminario de la jornada, el investigador en políticas de vivienda social Max Gigling ha presentado una comparativa de los mercados de alquiler en Barcelona, París y Berlín. La capital francesa y alemana introdujeron en 2015 una normativa reguladora específica para estas ciudades: se trata de un conjunto de medidas “excepcionales”, destinadas a asegurar que la vivienda siga siendo accesible para sus habitantes.

A diferencia de París y Berlín, en Barcelona los contratos de alquiler no incluyen cláusulas sociales que protejan a los inquilinos en riesgo de exclusión. Gigling destaca la situación de desprotección que genera la finalización de un contrato: son los llamados “desahucios invisibles”, que no aparecen en las estadísticas y no pueden evitarse con ayudas económicas porque irían en contra de los intereses privados de los propietarios.

En este sentido, Gigling ha considerado que Barcelona debería seguir el modelo de París y crear un índice de alquileres que facilite el control de los precios a largo plazo.

El primer día de las Jornadas ha acabado con una exposición de Magnus Hammar, representante de la Unión Internacional de Inquilinos, que ha presentado distintos modelos de organizaciones y sindicatos de inquilinos (algunos fundados a principios del s.XX) asociados para defender colectivamente los derechos de los usuarios de vivienda.

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